El
6 de marzo de 1994, ante su destino, Luis Donaldo Colosio se
comprometió a “concretar la transformación democrática de México”.
Veinte años después, ese propósito se está cumpliendo.
Sus
legatarios, políticos de corrientes diversas, tomamos la estafeta que su
abrupta ausencia dejó y la adoptamos como consigna. Nuestro desafío es
que la “reforma del poder” que él postuló, transforme la vida de la
gente.
La conmemoración del día que conmocionó a México, es
ocasión propicia no sólo para recordar, sino para reconocer al primer
político del régimen de partido hegemónico que hizo en público, lo que
muchas voces hacían sólo en privado: la autocrítica responsable.
El
pensamiento y la obra de Colosio resultan cada vez más tricolores
porque son cada día más, patrimonio de los mexicanos. Por eso, la mejor
forma de honrarlo es conciliando y construyendo. Y fue así que, haciendo
cesiones mutuas, en diálogo respetuoso y colaborativo, las principales
fuerzas políticas integramos un plan de acción conjunta, esa “incubadora
de acuerdos” en la que se convirtió el Pacto por México, del que
derivaron iniciativas de reformas transformadoras que fueron
enriquecidas, completadas y aprobadas por el poder revisor de la
Constitución.
Haciendo valer los proyectos de todos, hemos puesto
fin, como Colosio planteaba, “al monopolio de las iniciativas”. Juntos
hemos sentado las bases para renovar los términos de la “relación entre
el ciudadano y el Estado” y en este nuevo vínculo no hay, no debe ni
puede haber, “vestigio alguno de autoritarismo”, como lo deseaba
Colosio. Se ha decidido, además, redistribuir el poder, haciendo que su
ejercicio sea cada vez más horizontal y democrático, y lo ejerzan
instituciones del Estado más fuertes.
Por su parte, con una
actitud a todas luces madura de su titular, como lo dictó Colosio, el
poder Ejecutivo “se sujeta estrictamente a los límites constitucionales
de su origen republicano y democrático”, y “respeta las atribuciones del
Congreso”, con el que ha establecido un diálogo respetuoso, tan
armónico como fructífero.
Dirigidas a la redención social, las
reformas transformadoras no olvidan lo que Donaldo decía: “sin una mejor
distribución del ingreso, la economía se debilita y se cierra el camino
al crecimiento; pero sin una economía fuerte, no hay política social ni
eficiente ni duradera”. Esa es la ética de la política.
Con todo
lo anterior se actualiza el “cambio con rumbo y con responsabilidad” de
inspiración colosista, que es rasgo inequívoco del horizonte que una
bala interrumpió, pero que los mexicanos de ahora tenemos al alcance de
nuestro esfuerzo y de nuestra capacidad de convivir y converger.